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Terra
La Coctelera

Último artículo

En éste último artículo del curso, escribiré las ventajas y desventajas que han resultado tras haber usado un blog para estudiar en la Clase de Castellano:

Aspectos positivos:

Con éste blog ha habido muchos aspectos positivos, como por ejemplo el apuntar los deberes: si había tareas pendientes podías hacerlas siempre que pudieras, porque siempre quedaban grabadas en el blog, así que el trabajo nunca se dejaba sin hacer.
Otro aspecto positivo ha sido la manera de aprender a leer, mediante poemas y textos fantásticos (como Graffiti, de Julio Cortázar), con lo cual ha sido mucho más ameno al no tener que trabajarlo con un libro y además Internet tiene infinidad de webs sobre los temas que damos, así que nos facilitaba muchísimo las cosas y aprendíamos de una manera más amena y divertida.
Aprender a escribir fue muchísimo más fácil que si lo hubiéramos hecho en clase, porque el profesor nos facilitaba textos, ayudas y recomendaciones en los blogs, y a base de leer relatos y cuentos fantásticos aprendimos muchísimo, y queda plasmado en éste mismo blog (artículo anterior, “El Pueblo” y “Proyecto Graffiti”). Éste aprendizaje fue duro pero aún así muchísimo más divertido que el usual.
Además, el profesor así puede enseñar de una manera más creativa y inusual, es decir, puede usar métodos (como hizo Felipe Zayas, mi profesor de Castellano) los cuales no están en los libros y que, pese a ser de esa manera, se aprende de una manera más entretenida, y se nos quedan mejor las cosas.
Hemos aprendido de una manera distinta.

Aspectos negativos:

El único aspecto negativo que puedo dar es que siempre había alguien que, en vez de trabajar y aprovechando que había Internet, no trabajaba. Eso y la poca frecuente desconexión de Internet. Por lo demás, todo fue bueno.

“El pueblo”

Proyecto “Un cuento fantástico”

“El pueblo”
Pedro Blasco Ibarra

Martha vivía con James, su marido, y Geena, su hija, de tan solo seis años. Vivían en un pueblecito, bastante alejado de la ciudad.
Se llevaban excelentemente con la poca población que había en el pueblo. Casi todas las demás personas eran de la tercera edad.
Como todas las mañanas, Martha salía a comprar el pan, recién horneado, mientras que su marido bajaba a la ciudad, a dejar a su hija en la escuela y, de vez en cuando, a comprar un cartón de tabaco.
Eran felices allí.
Un buen día, especialmente soleado, Martha despertó. Era más tarde de lo normal, y su marido y su hija ya se habían ido a la ciudad. No la habían querido despertar. James era todo un caballero. Martha bajó a la cocina, y vio que el pan ya estaba comprado. Así que se vistió, se tomó un café y salió a dar un paseo. Paseó y paseó mientras fumaba interminables cigarrillos.
James tardaba en llegar.
Martha decidió ir a casa de su vecina y amiga Helena, con la cual había entablado una gran amistad. Llamó a la puerta de roble maciza, y abrió la puerta Frank, su marido.

— Hola, Frank, ¿puedes decir a Helena que salga?— preguntó Martha.
— ¿Helena? Martha, ¿por quién demonios preguntas? — se extrañó Frank. — No conozco a ninguna Helena.
— ¿Ah, no? Así que Helena no es tu mujer, ¿eh?... ¿Me quieres gastar algún tipo de broma o qué, Frankie? — preguntó Martha de nuevo, sonriendo suspicazmente.- Dile a tu mujer que salga, Frank.
—Martha, yo nunca he estado casado. Parece mentira que vengas aquí, a mi propia casa, y te burles en mis narices de mi soltería.— Frank estaba completamente ofendido, en un tono rojizo invadió su cara. — Debería partirte un rayo, por tu insolencia.
— ¿Pero qué…?— comenzó Martha. Pero Frank cerró de un fuerte portazo.

¿Por qué demonios había dicho Frank aquellas cosas?
Ella no estaba loca, ni se imaginaba las cosas. Frank se casó con Helena años atrás. Muchísimos años atrás. Sin embargo, ahora parecía que Helena no existía, como si a Helena se la hubiese tragado la tierra.
Martha volvió a casa, de nuevo fumando interminables cigarrillos. La alegría la invadió cuando vio el coche aparcado delante de su casa. James había vuelto.
Entró corriendo en casa.
Su marido estaba sentado en el sofá, viendo un combate de boxeo por la televisión.

— James, vengo de hablar con Frank.— dijo Martha, sentándose a su lado en el sofá.
— ¿Ah, si? ¿Y sobre qué habéis hablado? — preguntó James, girándose hacia su mujer.
— Sobre Helena. Ya sabes, su mujer. — comentó Martha.
— Oh, ¿y? ¿Qué tal está? — se interesó James, apagando la televisión.
— Pues bueno, más bien no está. Dice Frank que nunca ha estado casado. — espetó Martha, frunciendo los labios.
— ¿Que dice qué? — James estaba desconcertado. Los ojos parecía que se le saldrían de las órbitas.
— Eso, que nunca se ha casado.
— Ahora vengo. Espérame aquí, voy a hablar con el.— concedió James, sonriendo a su mujer.

Martha sonrió satisfecha, mientras su marido salía por la puerta. Lo siguió hasta casa de Frank y Helena, y lo que vio la hizo ahogar un grito. Donde antes yacía la casa de sus amigos, ahora había un hueco, ocupado por un jardín entre las dos casas.

—Martha, ¿qué demonios ha pasado aquí?¿Dónde está la casa?— preguntó James, completamente asombrado.
—No sé… Hace diez minutos estaba… Yo…—Martha no sabía qué responder.

Pero eso no fue lo único que pasó, no. Aquello solo fue el primer suceso de una serie en la que cada vez mas gente desaparecía, sin dejar rastro, y nadie parecía conocerlos aparentemente.
Desapareció medio pueblo en menos de una semana.
¿Qué demonios estaba ocurriendo?
Martha estaba ansiosa por irse. Sufría crisis nerviosas frecuentemente y no dormía casi nada.

—Vamos, Martha. Será una broma de mal gusto. ¿Dónde se ha visto que las personas desaparezcan de ésta manera?- intentaba consolar James, abrazándola.
—Pues deben de ser muy buenos bromistas, cuando pueden hacer desaparecer incluso las casas.— contestó desafiante Martha.

Y no conseguía calmarse.
No podía, le resultaba imposible.
Temía entrar un día en su casa y que su marido o su hija hubieran desaparecido. Era algo que no podía soportar.
Además, ¿cómo se explicaba la desaparición de edificios y de casas, como bien había expresado a su marido?
Los días pasaban lentamente, y Martha cada día lo pasaba peor. La gente del pueblo la miraba de manera extraña, una mezcla de ira y de empatía, lo cual hacía a Martha ponerse más nerviosa aún.
Ni siquiera se encontraba tranquila en su casa.
Y su peor pesadilla se hizo realidad dos días después, justo el día del equinoccio de verano. Martha se levantó de la cama. Oyó el agua correr en la ducha, por lo que pensó que su marido se estaría duchando. Así que bajó a la cocina, se tomó una tila con un ligero calmante y miró por la ventana. Así se quedó un rato, observando la calle desierta, hasta que se dio cuenta de que el grifo de la ducha continuaba encendido, y el agua corría y corría sin parar. Así que subió y cuando abrió la puerta, la ducha se encontraba vacía, como si la ducha se hubiese encendido sola.
Su marido había desaparecido.
Así que, desesperadamente, fue al cuarto de su hija, donde ésta dormía tranquilamente. La cogió en brazos y corrió fuera de la casa, mientras la niña preguntaba a gritos que ocurría. Por la cara de ésta corrían lágrimas de nerviosismo de ver los gestos de pánico que hacía su madre. Subió al coche, arrancó, y siguió directa la carretera hacia la ciudad, consciente de que todo a sus espaldas desaparecía lentamente, como por acción del viento.
Todo se desvanecía, como en un sueño.

Argumento del Relato Fantástico

El cuento fantástico que voy a escribir tiene el siguiente argumento:
Mi relato trata de una mujer que vive con su marido y su hija en un pequeño pueblo con poca población y alejado de la ciudad. Todas las personas viven rodeadas de una armonía y una calma imperturbables.
Pero un día algo extraño pasa: la gente comienza a desaparecer misteriosamente. Y lo que es más extraño, los demas habitantes ni siquiera saben de la existencia de los desaparecidos, con lo cual nuestra protagonista queda como una loca ante ellos.

¿Qué estará pasando en ese pueblo?
¿Ocultarán algo los demás habitantes?
¿Qué hará nuestra protagonista ante esta situación?

La Torre de los Alquimistas, Peter G. Bartschat

He elegido éste libro, La Torre de los Alquimistas, de Peter G. Bartschat porque es un libro muy entretenido, con una trama que atrapa desde el primer capítulo, es una historia bastante escalofríante, pero con buenas partes de acción.
Es un libro buenísimo, entre novela negra, de fantasía, de acción y de misterio.
Me comprometo a tenerlo leido a mediados de Marzo.

Graffiti VIII

La decisión que tomaste te llevó a hacer aquello.
Cuando te sacaron de la celda, decidiste hacer un graffiti más, solo uno más. Una despedida, pero no una despedida alegre. Querías hacerle ver todo el daño que habías recibido, todo el dolor que habías tenido que soportar. Así que, nerviosa, te tomaste dos copas de brandy y bajaste a la calle.
El dibujo que hiciste no era bonito, no, era una figura en la que habías intentado describir tu estado después de la paliza que recibiste, todos y cada uno de los golpes, de las salpicaduras de sangre, de los entumecimientos, y de tu estancia en aquella mugrienta celda.
No era un dibujo agradable, no era una pintada bonita.
Y, sin embargo, perduró lo suficiente. Lo suficiente como para que él pudiera verlo, pudiera saber de tu angustia, pudiera entender tu despedida.
¿Qué más podías ponerle?
La verdad es que habías disfrutado con ese juego, pero también deseabas no haber visto jamás un dibujo suyo…
Corto es el amor, largo el sufrimiento.

Graffiti VII

Los días siguientes fueron durísimos.
Llevabas la cara llena de puntos, vendas, e incluso un parche donde antes estaba un ojo. Un precioso ojo, destrozado por la brutalidad policial. Tenías un brazo roto, un tobillo dislocado y dos dedos del pie rotos. La espalda amoratada no te dejaba tumbarte para descansar, con lo cual debías tumbarte boca abajo, lo cual te incomodaba. Estabas sufriendo muchísimo, y más aún cuando pensabas en que no habías acabado su dibujo.
Encerrada en aquella celda de la comisaría, tu único medio de evasión era pensar en él, en sus dibujos, en como sería aquel chico... ¿Sería guapo, feo, inteligente, gracioso?... Aunque al fin y al cabo todo aquello nada te importaba, lo único que querías era salir de allí y dibujar a su lado, y estar a su lado también... Quién iba a pensar que unos simples dibujos te llevarían a aquella situación.
Entonces te decidiste.
Aquello sería el final.

Graffiti VI

Una noche, dando una vuelta con tus amigos, descubriste otro dibujo suyo. Te quedaste embriagada con la sencillez de aquel trazo, y a la vez lo expresivo que había llegado a ser. Quizás fuera por los efectos del alcohol que habías tomado, para celebrar las buenas notas de los exámenes, o quizás fuera porque significaba más para ti de lo que jamás hubieras podido imaginar.
Tus amigos te acompañaron hasta la puerta de tu casa. Esperaste a que se marcharan, cogiste tus tizas, te abrigaste y volviste a aquella esquina. Pero apenas comenzaste a dibujar, notaste un fuerte golpe en la sien, el cual te dejo medio inconsciente. Los policías te habían encontrado, y comenzaron a golpearte entre cuatro o cinco agentes, tirándote del pelo, dándote patadas y puñetazos en la cara principalmente. Entre golpes, alcanzaste a ver un borrón en la penumbra. No lo viste bien, pues te habían desgarrado un ojo, y el otro lo tenías empapado en sangre. Te pareció que podría ser él. Después te recogieron del suelo, te metieron en el coche y te llevaron con ellos a comisaría.

Graffiti V

Pasaste un tiempo en casa, estudiando para los exámenes. Se te habían echado encima. Desde que empezaste a pintar, olvidaste por completo fechas, libros, temarios, apuntes y demás. Una mañana, mientras te tomabas tu café preferido, un capuchino con mucha espuma, te asomaste por la ventana, y allí apareció: un graffiti al lado del tuyo. Inmediatamente te vestiste con los primeros trapos que alcanzaste a coger y bajaste corriendo a verlo. Con precaución analizaste su dibujo: era un paisaje, con algunas velas y tajamares, un dibujo precioso. Te encantó. No pudiste evitar esbozar una sonrisa, y te alegraste un poco más por dentro.